LA IZQUIERDA TRAS LA CAÍDA DEL BLOQUE SOVIÉTICO
Socialismo democrático y comunismo son, antes que otra cosa, conjuntos diferentes de proposiciones teóricas formuladas para ser aplicadas a la realidad y como tales pueden ser tomados en un doble sentido:
- en cuanto teorías normativas que prescriben ciertos contenidos sobre la justicia, la libertad, la democracia y la igualdad, entre otros valores,
- y en cuanto al significado a que nos remite el sentido etimológico y originario del término teoría, es decir, la acción «teorética» de observar y narrar aquello que se ha visto.
Mientras el primer sentido nos plantea la vigencia y actualidad de contenidos normativos por tener éstos un innegable sesgo histórico, la segunda nos remite a relatar la experiencia histórica como adecuación de sus postulados a la realidad de cada momento.
Teorizaciones y postulados iniciales
El siglo xix está marcado por dos vectores históricos del tamaño que suponen las herencias de la Revolución Francesa y las alteraciones económicas y sociales que la revolución industrial originó, y ambos fueron las raíces desde las que se formulan las primeras ideas y proyectos socialistas, partían de reconocer como hechos indiscutibles la miseria creciente entre los segmentos de la sociedad más desprotegidos, así como al grado de desigualdad política y social que existía, siendo la teorización de Karl Marx la que ampliamente concitará por mayoría, a mediados del xix, un diagnóstico de la situación y, a la vez, un modelo de solución a tales males.
Por una parte tendrá lugar la clarificación progresiva de un socialismo de corte reformista, especialmente en Inglaterra, donde distintas corrientes ajenas al marxismo, como las tradiciones evangélicas y su énfasis en el valor moral de la igualdad, el fabianismo de los Webb, Bernard Shaw y compañía y la amplísima influencia del sindicalismo, han ido configurando, desde principios de siglo hasta la total incorporación de los fabianos, momentos antes de la Primera Guerra Mundial, el Partido Laborista.
Por otra parte, en Alemania tienen lugar algunos episodios políticos que son decisivos para las formulaciones teóricas del socialismo democrático y que tienen de protagonista al Partido Socialdemócrata.
Pero sin lugar a dudas el episodio que más influencia tendrá en la definición del socialismo democrático será el del revisionismo marxista, efectuado por Eduard Berstein y expuesta básicamente en su obra Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, en 1898. En su teoría revisionista, Berstein se preocupa de refutar dos principios marxistas:
1. Refutación del materialismo marxista
Frente a la tesis del carácter determinante de los factores económicos en la formación de la conciencia, Berstein reivindica un planteamiento genuinamente ideológico en la conformación de las vidas de los hombres sobre el principio de que éstos no hacen nada que no haya sido elaborado y fundamentado previamente en ideas, porque son ellas las que determinan kantianamente el comportamiento.
La función de autonomía personal y moral, mediante la cual se tiene acceso a la conciencia de clase, es un ejercicio de autodeterminación que consagra el principio de libertad individual que define al socialismo democrático.
2. Refutación del catastrofismo marxista
Berstein rechaza todas las proposiciones marxistas que profetizan el colapso capitalista y la posterior revolución victoriosa del proletariado. A la luz de lo que ocurre en Alemania, constata que el capitalismo resiste las crisis, aumenta la riqueza social beneficiándose de ello la clase obrera, se difunde el fenómeno cooperativo, que al perseguir un beneficio menor, favorece a los trabajadotres; a consecuencia de todo ello no puede ser exacta la predicción marxista de una radicalización de la lucha de clases: todo lo contrario, al disminuir las razones que tensionan la sociedad capitalista, se abren expectativas para acuerdos y colaboraciones entre las clases.
Comunismo
El modelo comunista por excelencia ha sido el de la desaparecida URSS, que sirve como paradigma analítico tanto de su teoria como de sus logros prácticos.
El núcleo de las bases del comunismo se circunscribía a la necesidad de formar una vanguardia revolucionaria, que siendo consciente del insoslayable destino en la dirección de la clase trabajadora, habría de organizarse bajo una férrea disciplina centralizada en un partido de profesionales capaces de monopolizar, para asegurar el éxito revolucionario, la exclusiva legitimidad de la acción política. Tales propósitos encerraban un desprecio absoluto por las prácticas democráticas y parlamentarias.
La liquidación del pluralismo político a partir de aquel momento sería vital para el futuro de la revolución, pues contribuyó a erigir la instancia omnímoda y única, susceptible de arbitrar el «pensamiento correcto», la ideología oficial, y con ella las bases de una red orgánica en el seno del PCUS, capaces de hacerlo circular despótica y burocráticamente.
Con el acceso al poder de Stalin tiene lugar una mistificación monumental, apoyada en la sacralización del pensamiento leninista, del que ha de valerse como base legitimatoria para su acción política, en especial como entramado ideológico para su propuesta de «socialismo en un solo país», y que consistió en una doble manipulación: por una parte, deformando el pensamiento leninista, al traducir y presentar como socialismo aquello que Lenin vio como período precedente al mismo, es decir, la estatalización del sector industrial; y, por otro, haciendo suyo lo que previamente le había combatido a Trotsky, el proceso acelerado en la industria pesada y la colectivización agraria, brutalmente impuesta a comienzos de los años treinta.
Socialismo Democrático
Durante un tiempo, entre los sesenta y los ochenta, era común diferenciar tres tipos de socialismo: el socialismo real o comunismo, la socialdemocracia y el socialismo democrático, entendiéndose a éste último como un conjunto de proposiciones genuinas que más tarde, cuando los partidos socialistas del sur de Europa fueron llamados a gobernar, se demostraron estrictamente socialdemócratas.
La confrontación de las teorías del socialismo democrático con la realidad histórica tiene como punto de partida la segunda posguerra mundial.
Y ya avanzada la posguerra es imprescindible hacer referencia a ciertos aspectos que conforman las proposiciones del socialismo democrático, entre las que merecen atención, al menos, tres de ellas.
En primer lugar al relanzamiento de la Internacional Socialista en el Congreso de Frankfurt de 1951, en cuya declaración se especifica que «el socialismo democrático surge en abierta contradicción con la planificación capitalista y con todas las formas de planificación totalitaria, ya que ambas excluyen el control de la producción y una justa distribución de los resultados».
En segundo lugar, la aportación teórica al socialismo democrático de C. A. R. Crosland, en su libro El socialismo del futuro, en 1956, biblia inspiradora para la política laborista inglesa, en donde se sugiere un giro en la política de nacionalizaciones llevadas a cabo desde 1945, en beneficio de una mayor producción, independientemente de quién sea la propiedad, o en la insistencia en la tarea reformadora del sistema educativo, que permitiera adentrarse en la universalización del mismo de forma paralela a la regeneración cultural del sistema.
Y, por último, pero de mayor trascendencia, el Congreso de la socialdemocracia alemana en Bad Godesberg, en 1959, viene a completar la total depuración del marxismo y a consagrar principios tales como el sometimiento del poder económico al poder público, la planificación parcial de la economía y el mercado como institución reguladora de la competencia.
Será el conjunto de todas esas formulaciones del socialismo democrático, en conjunción con las liberales y conservadoras, las que se confronten con la realidad postbélica europea, dando lugar a lo que se ha llamado el gran contrato del siglo xx, es decir, el Estado del Bienestar, en cuanto materialización del Estado Social de Derecho.
Desde las distintas corrientes marxistas y liberales se desatan las críticas al modelo, tales como la encabezada por Miliband, Donhoff, etc., quienes interpretan al Estado como simple instrumento en manos del capital para neutralizar la lucha de clases, o la concepción estructuralista, con Poulantzas a la cabeza, visionando al Estado de Bienestar como sujeto mediador de las contradicciones sociales mientras contribuye a la atomización de la clase obrera, y, por último, la corriente que focaliza su crítica en la deslegitimación en que habría caído el Estado, incapaz de satisfacer las demandas sociales y garantizar a la vez los beneficios capitalistas, como sostienen Habermas, Offe, etc.
El ataque neoconservador ha tenido dos aspectos:
Por una parte, una crítica feroz en obras como las de los Friedman, encaminada a desmantelar el Estado de Bienestar denunciando los supuestos despilfarros de las Administraciones públicas, la desmovilización desde las esferas del Estado con sus políticas asistenciales, anulando con ello el espíritu competitivo, etc.
Por otra, la realización del «Estado mínimo» con los gobiernos de Reagan y Thatcher durante la década de los ochenta. (17-11-08)
Tras la caída del Muro de Berlín (1989) y del bloque soviético, los movimientos de carácter marxista pierden mucha fuerza. Dando lugar a que los planteamientos de la nueva izquierda desarrollados en los países occidentales durante los años anteriores, se consoliden como la opción mayoritaria de izquierda en casi todo el mundo.
En el caso de América Latina, se ha vivido un giro hacia la izquierda generalizado en muchas formas. Figuras como Lula en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay y Hugo Chávez en Venezuela que alguna vez fueron casos excepcionales, hoy están acompañados por una gran cantidad de líderes progresistas en casi toda América.
Actualmente los siguientes países latinoamericanos son gobernados por partidos de izquierda:
- Argentina, con Cristina Fernández, del Frente para la Victoria (socialdemocracia, peronismo)
- Bolivia, con Evo Morales, del Movimiento al Socialismo (socialismo democrático, bolivarianismo, indigenismo)
- Brasil, con Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (socialdemocracia, sindicalismo)
- Cuba, con Raúl Castro, del Partido Comunista Cubano (extrema izquierda, comunismo, marxismo)
- Chile, con Michelle Bachelet, del Partido Socialista de Chile (centro-izquierda, socialdemocracia, marxismo)
- Ecuador, con Rafael Correa, del Movimiento PAIS (socialismo democrático)
- El Salvador, con Mauricio Funes, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, asume junio 2009. (socialismo democrático, extrema izquierda)
- Guatemala, con Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (centro-izquierda, socialdemocracia)
- Haití, con René Préval del Frente de la Esperanza (socialismo democrático)
- Honduras, con Manuel Zelaya del ala progresista del Partido Liberal de Honduras (socialdemocracia, liberalismo progresista)
- Nicaragua, con Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional (socialdemocracia, laborismo)
- Paraguay, con Fernando Lugo, de la Alianza Patriótica para el Cambio (socialismo democrático)
- Perú, con Alan García, del Partido Aprista Peruano (centro-izquierda, socialdemocracia, socioliberalismo)
- República Dominicana, con Leonel Fernández, del Partido de la Liberación Dominicana (centro-izquierda, socialdemocracia)
- Uruguay, con Tabaré Vázquez del Frente Amplio (centro-izquierda, socialdemocracia, progresismo)
- Venezuela, con Hugo Chávez, del Partido Socialista Unido de Venezuela (extrema izquierda, bolivarianismo, nacionalismo, antiimperialismo)
En el caso de Europa, los siguientes países son gobernados por partidos de los diferentes espectros de la izquierda, casi todos socialdemócratas, salvo Chipre que es gobernado por los comunistas.
- Austria, con Alfred Gusenbauer, Partido Socialdemócrata de Austria
- Bulgaria, con Georgi Purvanov, del Partido Socialista Búlgaro.
- Chipre, con Dimitris Christofias, del marxista AKEL.
- Eslovaquia, con Robert Fico, del Dirección – Socialdemocracia.
- España, con José Luis Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista Obrero Español.
- Estonia, con Toomas Hendrik Ilves del Partido Socialdemócrata de Estonia.
- Finlandia, con Tarja Halonen, del Partido Socialdemócrata de Finlandia.
- Hungría, con Ferenc Gyurcsány, del Partido Socialista de Hungría.
- Portugal, con José Sócrates, del Partido Socialista de Portugal.
- Reino Unido, con Gordon Brown, del Partido Laborista Británico.
En Asia, China, Vietnam, Laos y Corea del Norte preservan un sistema de Estado socialista de tipo comunista y en Nepal los maoístas ganaron las pasadas elecciones nacionales democráticas.
(Extraído de www.wikipedia.org) 11-5-2009
Mayo 9, 2009 a las 8:32 pm |
son putos
Junio 9, 2009 a las 10:40 am |
Hola compañero, como estoy en el curro solo me da tiempo a comentarte un par de cosas. Me da la impresión de que la crítica hecha por Berstein a Marx está hecha sobre el vacio, me explico, ese Marx determinista y catastrofista solo existe en la mente de sus críticos. Marx no pretende ser Rappel y en ningún momento teoriza el futuro, otra cosa es que en base al análisis que hace de el Capital (por eso su obra cumbre se llama El Capital y no El Comunismo) pueda hacer tal o cual cmentario en tal o cual sitio pero en ningún momento pretendiendo pronosticar nada (suficiente tenía con analizar su presente). En cualquier casosi tu piensas que Marx si hace esas referencias te agradecería que citaras donde puedo encontrarlas.
En segundo lugra la URSS no fue comunista en ningún momento, al menos desde el punto de vista teórico, me explico. Los comunistas (donde me incluyo) no nos llamamos comunistas porque estemos proponiendo para mañana el comunismo, nuestra propuesta es una fase transitoria llamada socialismo donde se de (lo que tantos problemas ha dado por su interesada mala interpretación) la dictadura del proletariado. Marx utiliza estos términos artiendo del análisis de que en su actualidad existe una dictadura de la clase burguesa (quien orta el bakalao) que es una minoría y se debe pasar al gobierno de la mayoría, no con el fin de imponer cuestiones antidemocráticas a la burguesía sino más bien al contrario, con el fin de imponer (pq la burguesía no estaría dispuesta a perder sus priviliegios) la democracia, la igualdad, la justicia, la libertad y la solidaridad a todos los miembros de esa sociedad, es decir, las mimas leyes para todos/as al mismo tiempo. De esta manera la clase obrera lo que usca no es sustituir a la clase burguesa si no destruirse a si misma para que de forma progresiva desaparezcan las clases y sepueda legar (ahora si) al comunismo. Par ello es necesario tambié una planificación democrática de la economís, claro.
Desde este punto de vista la URSS no uede ser calificada de estado comunista, en todo caso capitalista de estado o algo asi. Y tampoco hay que olvidar como tras su caida EEUU se ha quedado sin contrapeso ante lo cual las fuerzas socilademócratas europeas lo único que han sabido hacer es girar sus programas hacia el liberalismo.
Bueno ya seguiremos, un saludo.