Hedonismo, o no

El placer que suponía ver las horas pasar, apoyado en una columna de una plaza porticada se termina.
El placer que adquirías con cada una de tus escasas, sudadas, sufridas y anheladas posesiones materiales se diluye.
Cuestión de excesos.
No quiero enfocar mis días como ser material que soy.
Me niego, una y otra vez me negaré, siempre, a que el reloj controle mi vida, pues mi tiempo no es dinero, es sólo tiempo, y como tal, más poderoso caballero resulta.
Perder los días, perder las horas, perder los meses y perder los años supone perder emociones y satisfacciones y placeres y dolores y recuerdos, sobre todo recuerdos.
Y esto es una declaración de principios: no puedo permitir (porque no puedo) dejar que todas mis frases sean negaciones o estén escritas en condicional.
Debo, y eso si lo tengo claro, aprovechar mis cualidades (escasas) para que a mi alrededor haya paz, sobre todas las cosas, PAZ.
Debo conquistar ese absurdo elemento que es el tiempo, que no notas cómo pasa y deja huella como las manos de un niño en un cristal.

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