Una película, un libro y un pensamiento político

Ayer comenzamos a ver “Los primeros hombres en la luna”, una entretenida película inglesa de los años 60 en la que, una expedición de las Naciones Unidas llega a la luna por primera vez y, sorprendentemente, encuentran una bandera inglesa y un documento que demuestra que los primeros en llegar a la luna fueron unos ingleses en 1899.

Este gran planteamiento, acompañado por unos efectos especiales maravillosos de Ray Harryhausen y un ritmo muy ágil, hacen que esta película sea una elección maravillosa para un domingo por la tarde. Además, invita a hacer una honda reflexión acerca del racismo, del miedo al diferente y de los errores que se han cometido en las expediciones descubridoras.

“La máquina diferencial” de Gibson y Sterling, es un libro que discurre en la misma época, la Inglaterra Victoriana. El Partido industrial radical, liderado por un Lord Byron que ha sobrevivido a la Guerra de la Independencia Griega y un matemático que no me acuerdo cómo se llama planean y construyen la máquina diferencial, un ingenio cuyo uso genera, con mucha antelación, los efectos de la llamada Era de la Información en la población, y hace que sea Gran Bretaña la que haya conseguido el dominio del planeta en esta realidad alternativa.

En la Gran Bretaña de la novela se le tiene un respeto reverencial a los científicos (los sabios) a diferencia de en la película que comentaba anteriormente, en la que el inventor del vehículo de alunizaje es ninguneado sistemáticamente por los otros personajes.

El “Relativismo cultural” es una ideología político-social, que defiende la validez y riqueza de todo sistema cultural y niega cualquier valoración absolutista moral o ética de los mismos.

Este planteamiento, que en sí mismo puede parecer válido, entra en contradicción con lo que llamamos los derechos humanos, dado que, si bien para cualquier persona la ablación de clítoris o la lapidación es una barbaridad inhumana, un relativista cultural extremista puede llegar a defenderla como parte inherente a determinada cultura local o regional.

En nuestro país, cuna y solar de una doble moral extendida en todas las capas de la sociedad por la herencia de un extremismo religioso que ha supuesto durante siglos un agravio en el desarrollo cultural, personal y social, esta práctica de relativizar por un extremo o realizar un ejercicio de etnocentrismo en el otro ha sido práctica común dependiendo del momento histórico.

Además cuando desde una postura política nos identificamos con una u otra tendencia estamos emitiendo, sin tenerlo presente en la mayoría de las ocasiones, un juicio de valor que a grandes espectros de la sociedad acabará incomodando o incluso irritando.

La cuerda en la que un responsable político ha de ejercer de funambulista es tan estrecha que lo fácil es caer por uno de los dos lados siendo necesario en esta situación el tener una “pértiga” a la que agarrarse, siendo la más fíable la del sentido común.

Con un poco más de sentido común y un poco menos de extremismo religioso o ideológico, todos estos dilemas se resolverían de una manera mucho más natural.

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