Difamadores

La estrategia de difamación de las estructuras e instituciones de las que se dota el Estado de Derecho para el correcto funcionamiento de la democracia que está llevando a cabo la dirección del PP en este movido mes de agosto tiene un punto débil de grandes dimensiones y seguramente consecuencias judiciales y sociales: se basan en mentiras e insidias.

La crítica política es algo lícito e incluso recomendable, pero deja de ser crítica política cuando rebasa los límites de lo personal, entendiendo “lo personal” como lo estríctamente referido a la persona y su vida privada y asímismo la “personalización” de una o varias entidades.

Por ejemplo: yo puedo decir sin temor a difamar a nadie que determinadas personas en el PP utilizan asociaciones que no deberían ser “políticas” stricto sensu para intentar medrar o condicionar las opiniones de los demás. Y viceversa. Ejemplos los tenemos a patadas: el gobierno del PP en el 96 privatizó aprisa y corriendo Telefónica y algunos ex-altos cargos y amigos personales de ex-altos cargos de este partido y gobierno han acabado en la dirección de esta entidad o en puestos hechos a medida; la dirección de la AVT durante un tiempo siguió estrictamente las premisas de la dirección del Partido Popular, a lo que siguió la inclusión apadrinada por determinados cargos orgánicos en listas electorales de unos cuantos miembros de esta asociación; la CEOE y determinadas empresas como Endesa asumieron y asumen las tesis de este partido, y Pizarro fue puesto por la dirección del PP en listas al Congresos como alternativa a Pedro Solbes con los resultados que ya conocemos; y en los ámbitos autonómico, provincial y local se nos ocurrirían algunos ejemplos más todos ellos documentables y demostrables.

Los ejemplos de las consecuencias de estos actos son claros: ha quedado claro que algunas personas del gobierno del 96 al 04 del PP estaban en política “para forrarse”; la AVT ha perdido gran parte de la representación de las víctimas gracias a esa política kamikaze de la última legislatura y ahora es una asociación descafeinada y, por qué no decirlo, con bastante fama de parcial y politizada en sus juicios; la CEOE se ha demostrado el “brazo armado” de aquellos que causaron la crisis, siendo apartada de las mesas de negociación colectiva y del diálogo social, arriesgándose a movilizaciones por parte de los trabajadores de las empresas en las que están imponiendo “a calbote” convenios colectivos que dejan fuera de la negociación a los sindicatos mayoritarios; en determinadas entidades autonómicas, provinciales y locales se resta credibilidad a los juicios que emiten, sabiendo el común de los mortales que son meros altavoces de determinadas personas dentro de grupúsculos de partidos políticos.

Pero también hay una consecuencia que no se percibe en un primer momento, pero que cala entre la población y que repercute definitivamente en la calidad de la democracia y del concepto de ciudadanía: hartazgo, cansancio, hastío e incluso asco en la participación de la vida pública y común, llegando de facto a un egoísmo a ultranza que hace despreocuparse de lo mal llamado “el bien común”.

Ahora determinadas personas en el PP intentan imponer sus tesis mediante la intimidación y difamación a policías, jueces, fiscales y políticos de otras opciones ideológicas. Que se oiga en determinadas personas que vivimos en una “dictadura” sería de chiste, si no fuera por lo serio que es que esas determinadas personas vivieron muy a gusto en una dictadura real como fue el franquismo, colaborando con el régimen de palabra, obra u omisión.

Estas declaraciones por parte de los jerifaltes del PP, que parecen hechas después de demasiada exposición al sol, podrían llegar a los tribunales si no se presentan pruebas, por un delito de injurias contra las instituciones a las que atacan, pero podría llegar una consecuencia mucho más grave que una multa a Rajoy, Arenas, Cospedal y Mato: que su mensaje insidioso calara, y se perdiera el respeto y el orgullo por un sistema democrático que tanto costó a nuestros padres (biológicos o políticos) conseguir.

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  1. Pingback: Si rectificar es de sabios, no cuenten con el PP « 14 de abril

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