¿Quién dijo crisis?

Imaginemos la situación: los alumnos de un Instituto de Secundaria y Bachillerato cualquiera, por ponerle un nombre, I.E.S. José María Forqué, de un pueblo cualquiera, por ponerle un nombre, Villa Rusia de Alicante, llevan casi 10 años sufriendo la situación de tener que recibir clases en unos barracones prefabricados a falta de tener un edificio escolar en condiciones.

En el curso 1998-1999, primer año con barracones en este centro educativo, único en su especie en la provincia de Alicante por las especialidades que imparte, y tercero del Partido de la Derecha en el poder del Gobierno Autonómico del que dependen las infraestructuras educativas, el gasto en alquiler de barracones había pasado de 60 millones de pesetas con el Partido de la Izquierda en 1995 a más de 350, llegando para el año 2001 a 400 millones de monedas rubias. En 2009, el número de barracones a lo largo y ancho de la geografía de la Federación Valenciana se ha multiplicado de tal manera que 1300 barracones hacen las delicias de generaciones y generaciones de alumnos, padres/madres de alumnos y profesores. A un coste de unos 400 € por barracón al mes, hace un desembolso de más de medio millón de euros mensuales (un aumento del 5600% desde el 95) para que los alumnos de la Educación Pública reciban clase en unas infraestructuras de zona devastada por la guerra, al más puro estilo de la Bosnia de los años 90.

Pues bien, imaginemos que ya no caben más barracones en el I.E.S. José María Forqué de Villa Rusia, a los que prometieron hace casi un lustro que les iban a hacer la ampliación necesaria, obligada y correspondiente.

¿Cuáles serían las soluciones que se ponen a disposición del centro para paliar esta situación extrema de dejadez?

Por un lado, mientras se hace la obra, cuando se haga, porque por ahora no tiene dotación presupuestaria, hacinar a los alumnos en el ruinoso, antiguo y abandonado edificio que alojaba el primer instituto de la localidad, declarado no apto para la docencia hace ya 3 años y que actualmente está en condiciones lamentables por la dejadez de la Administración Autonómica. Esta medida supone, si al final se restaura dicho edificio, un gasto superior a la construcción de la ampliación del citado I.E.S., además de un perjuicio para alumnos y profesores, que tendrían que dar clase en un instituto no adaptado y deshechado por otros compañeros, estableciéndose un agravio comparativo, un hito más en la lenta tortura a la que el gobierno de la derecha aplica a la educación pública.

Por otro lado, y dada la especificidad de las materias que se dan en el centro, qué mejor que enviar a los alumnos de cursos superiores a la Ciudad de la Claridad, unos estudios de cine situados a 20 kms. del centro… Esa medida, que parece que ya es definitiva, para chicos y chicas de 17 años, que dependen de que sus padres y madres los lleven al centro de estudios, o van andando o en bicicleta al instituto, supone un esfuerzo y un gasto adicional para las familias, que no habría sido necesario si, por una vez, los responsables autonómicos de Educación, no hubieran mentido a los padres y madres de alumnos, prometiéndoles el oro y el moro justo antes de elecciones autonómicas.

Y cómo no, está la tercera opción, la que tiene más números para ocurrir, es que amplíen el número de barracones y que la totalidad de los alumnos den clase como ganado, en contenedores.

La situación, de todas maneras, no es preocupante para el Gobierno de la Generalitat, presidido por Don Francisco Trajes, que ha decidido destinar 6 millones de euros de las arcas públicas por cada día de carreras de Fórmula 1 en la Capital del Reino, algo suficiente como para pagar 4 colegios al día, o un hospital cada 3, que es lo mismo pero no es igual, además de regalar 74 millones de euros al club de fútbol de la capi, 7 veces el presupuesto anual del Instituto Autonómico de la Música o casi 4 veces el presupuesto del Instituto Autonómico de la Juventud. Casi nada.

Y es que destinar 92 millones de euros a caprichos de niño pijo es lo más lógico en un año de crisis planetaria, ya que no hay otros problemas que solucionar, puesto que vamos a la cabeza en todos los parámetros que miden la calidad de vida: a la cabeza en el fracaso escolar, a la cabeza en el menor gasto público por habitante en educación, sanidad etc…, a la cabeza en deuda contraída por un gobierno autonómico y a la cabeza del paro a nivel estatal.

Con gestores como estos, ¿quién dijo crisis?

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