El día después del 9 d’Octubre

En el día después del 9 d’Octubre, los alicantinos merecemos más.

Merecemos más que un desfile de primeras piedras acompañadas de espectáculos carísimos y destinados a la exclusiva sociedad empresarial alicantina, cuyo coste serviría para adelantar bastante los proyectos que están parados desde hace mucho tiempo o para mejorar algo la paupérrima política cultural del gobierno valenciano.

Merecemos más que una concatenación de planes de fomento de las industrias alicantinas tan vacíos de contenido y financiación que han hecho que nuestra provincia haya perdido capacidad productiva en los últimos quince años resultando ser de las más sensibles cuando la crisis y el desempleo achuchan.

Merecemos más que colas en los desangelados e insuficientes en número y dotación centros de salud y más que los barracones en los que nuestros hijos reciben clase.

Merecemos más que un Ikea rodeado de pisos en una zona inundable, merecemos una apuesta decidida por la dinamización del empleo, del comercio y de la economía.

Merecemos más que los proyectos que aquí solo realiza el gobierno de España (aeropuerto, AVE, Plan E…), y la Generalitat debería estar para establecer las políticas territoriales de fomento, empleo etc…

Merecemos más que que se nos mueran los dependientes esperando las ayudas que en otros lugares se garantizan mientras la familia de un conseller siempre bajo sospecha hace negocio traficando con el sufrimiento ajeno.

Merecemos más puerto, más transporte público, más fomento de nuevos tipos de turismo, más infraestructuras escolares, sanitarias, culturales, sociales, cívicas, más becas, más ciudadanía y menos chino mandarín, más respeto, más cariño, más consideración…

En definitiva merecemos más que “el sueño valenciano” del que habla Paco Trajes, reflejado en una sarta de deficitarios grandes eventos hechos para mayor gloria de la cúpula del PP valenciano y en una trama de corrupción que hunde en la más absoluta de las podredumbres morales a aquellos que han estado enriqueciéndose o recibiendo prebendas en los últimos años gracias a su posición dentro de ese partido y gracias a la confianza de sus votantes.

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2 pensamientos en “El día después del 9 d’Octubre

  1. ¡Por eso llevo tanto tiempo reivindicando la camiseta como símbolo de otra forma de hacer política!
    Hay que acabar con la imagen de “diferencia de rango” que hay entre el político y el ciudadano que lo ha votado (o no). Todo el mundo debería, alguna vez en su vida, como hacían los ciudadanos libres griegos, detentar algún puesto en la política de su barrio, pueblo o país. Así se comprenderían mejor las dificultades propias del cargo y se vería lo repugnante que resulta a la gente (los primeros, a los que estamos en algún cargo político) el ver que determinados elementos hacen un uso bastardo de la responsabilidad que han depositado en él o ella.

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