Reflexión sobre las elecciones catalanas

Los resultados obtenidos por el PSC han sido los peores de su historia, tanto en número de escaños como en número de votos. Un desastre sin paliativos en el que no ha contado un programa electoral más que aceptable sino un bagaje de gobierno algo incongruente, una comunicación no muy acertada y un socio de gobierno tripartito que parecía que quería inmolarse a lo bonzo en la puerta del Palau de la Generalitat (como así ha sido, vistos los resultados de ERC).

Creo que aquellos interesados análisis que se están haciendo vendiendo los resultados como “un retroceso de las izquierdas” andan errados e intentan poner la venda antes que la herida.

Se toma como cierto que “la derecha vota unida”. Esto puede servir para el Estado español, pero no es así en Catalunya, en la que encontramos hasta 4 partidos de derechas entre los nacionalistas catalanes de CIU y SI y la opción castellanista de PPC y Cs. También hay que empezar a temer el auge de la ultraderecha que, con más de 70.000 votos, estuvo ayer noche amenazando con entrar por primera vez en el Parlament.

La Teoría de Fractales se puede citar como fuente ante lo que tuvieron ayer que elegir los electores catalanes, una cuasiautodisimilitud basada en opuestos casi perfectos y en concepciones antagónicas de lo que ha de ser el Estado y la gestión pública: nacionalismo catalán Vs. nacionalismo español; centralismo Vs. federalismo; ecologismo Vs. desarrollismo; gestión pública Vs. privatizaciones; aumento de servicios Vs. disminución de impuestos; integración Vs. xenofobia…, una gran cantidad de opciones en la que ningún partido tiene la capacidad ni la cintura de representar exhaustivamente la elección del votante en cada momento electoral.

Quizá  este dilema irresoluble explique el altísimo índice de abstención (aunque se intente vender como éxito que vote el 59’95% del censo) y el por qué del partido ganador de las elecciones.

Se ha votado a la tranquilidad, a lo conocido, a los “felices tiempos pasados” de opulencia y casos Millet y, sobre todo, se ha votado a una cuidada campaña de imagen y comunicación de un cuidado (aunque a veces sobreactuado) candidato.

Lo primero que ha hecho ha sido anunciar que suprime un generador de ingresos para la administración catalana como era el impuesto de sucesiones, que el tripartito había conservado únicamente para las rentas más altas. ¿No queriáis caldo…?

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