La encuesta del CIS de Julio.

Ayer salió el avance de los resultados de la encuesta realizada durante el mes de julio a casi 2.500 personas en las que se preguntaba sobre la opinión de determinados aspectos de la vida política y social en España.

Dejando aparte algunas cuestiones que ya han sido debatidas hasta la saciedad en Twitter, Facebook, medios de comunicación y blogs acerca de si baja más o baja menos en intención de voto tal o cual partido político, quiero poner de relieve el oscurantismo de la confección de los resultados de dicha encuesta.

Guía de referencia para preparar los datos de las encuestas del CIS.

Cuando he intentado comprender la forma de confeccionar el resultado de “Estimación de voto”, me he encontrado que, mientras que para otros aspectos de la encuesta se utilizan fórmulas estadísticas que el común de los mortales comprende sólo a medias (pero a las que tenemos que dar la verosimilitud necesaria con cierto “salto de fe” estadístico), para la categoría que finaliza la encuesta y que es titular en los medios de comunicación nacionales, la fórmula es como la de la cocacola.

En la propia explicación metodológica se quedan tan a gusto, explicando los datos que leerá todo aquel que lea la prensa y que condicionará de manera necesaria el devenir y actuar de las organizaciones políticas españolas con un lacónico:

la Estimación de Voto no es un indicador comparable al resto de los que se presentan, en la medida en que su método de cálculo nunca se ha hecho público y ha cambiado con los distintos equipos de dirección del CIS.

Esta extraña política de transparencia anula de facto muchas de las preguntas anteriores. De hecho, al preguntar por “intención de voto” y “simpatía”, el CIS suele avisar que se corresponden a datos directos de opinión y que no se puede extrapolar los resultados a las expectativas electorales. Viendo los resultados, podríamos inferir que a los datos de intención de voto y de simpatía se les aplica un coeficiente que varía en función de los resultados de las últimas elecciones (mayor cuanto más votos tuvieron en las anteriores). Esta “ponderación” tendría sentido en un clima de normalidad democrática (en el que mucha gente que dice que va a votar en blanco al final acaba decantándose por un partido u otro), pero creo que es bastante arriesgado utilizar los mismos criterios de medición y análisis de los últimos años para explicar los datos que actualmente arrojan las encuestas. Básicamente porque se están transgrediendo todos los principios democráticos establecidos hasta la fecha, arrasando con el Estado del Bienestar mediante la cobarde técnica del Decreto Ley.

La indignación es un factor de opinión (de los descartables por algunos directores del CIS) que puede ser determinante en los próximos meses.

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